viernes, 5 de abril de 2024

03. LAS DROGAS (IV. OTROS ESTIMULANTES Y DROGAS (EGW)

 

3. Las drogas
Una práctica común que es peligrosa.
Una práctica que prepara el terreno para un gran acopio de enfermedades y de males aun peores es el libre uso de drogas venenosas. Cuando se sienten atacados por alguna enfermedad, muchos no quieren darse el trabajo de buscar la causa. Su principal afán es librarse de dolor y molestias. Por tanto, recurren a específicos, cuyas propiedades apenas conocen, o acuden al médico para conseguir algún remedio que neutralice las 74 consecuencias de su error, pero no piensan en modificar sus hábitos antihigiénicos. Si no consiguen alivio inmediato, prueban otra medicina, y después otra. Y así sigue el mal (El Ministerio de Curación, pág. 88).

Medicina a toda costa.
Los enfermos tienen urgencia por sanarse, y los amigos de los enfermos son impacientes. Quieren tomar remedios, y si no sienten en su organismo esa influencia poderosa que sus puntos de vista equivocados los llevan a pensar que debieran sentir, cambian de médico con impaciencia. El cambio a menudo aumenta el mal. Toman una serie de medicinas tan peligrosas como la primera (How to Live, Nº 3, pág. 62).

Los tristes resultados.
Por el uso de drogas venenosas muchos se acarrean enfermedades para toda la vida, y se malogran muchas existencias que hubieran podido salvarse mediante los métodos naturales de curación. Los venenos contenidos en muchos así llamados remedios crean hábitos y apetitos que labran la ruina del alma y del cuerpo. Muchos de los específicos populares, y aun algunas de las drogas recetadas por médicos, contribuyen a que se contraigan los vicios del alcoholismo, del opio y de la morfina, que tanto azotan a la sociedad (El Ministerio de Curación, pág. 88).

El sistema nervioso se desarregla.
Las drogas estupefacientes, sean cuales fueren, desarreglan el sistema nervioso (How to Live, Nº 3, pág. 57).

Un castigo fijado para cada transgresión.
Dios ha establecido leyes que gobiernan nuestra constitución, y estas leyes que él ha implantado en nuestro ser son divinas, y para cada transgresión existe una penalidad, que ha de cumplirse tarde o temprano. La mayor parte de las enfermedades que han hecho sufrir y que están haciendo padecer a la humanidad, han sido creadas por los hombres debido a la ignorancia de las leyes básicas que rigen su propio organismo. Parecen indiferentes en materia de salud, y trabajan con perseverancia para despedazarse, y cuando están quebrantados y debilitados corporal y mentalmente, mandan a buscar al médico y se acarrean la muerte con las drogas* (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 20). 75

La vida sencilla o la farmacia.
Miles de personas que están enfermas podrían recuperar la salud, si, en lugar de hacer depender su vida de la farmacia, eliminaran todos las drogas y vivieran en forma sencilla, sin usar té, café, alcohol o especias que irritan el estómago y lo dejan débil, incapaz de digerir aun el alimento más simple sin un estímulo. El Señor desea dejar brillar su luz en rayos claros y distintos para todos los que están débiles y enfermizos (Medical Ministry, pág. 229).

Un círculo vicioso.
Usar drogas mientras se siguen practicando malos hábitos es una inconsecuencia, y deshonra grandemente a Dios al deshonrar el cuerpo que él ha hecho. Sin embargo, se siguen recetando estimulantes y drogas, y los seres humanos los usan libremente, mientras no descartan las complacencias dañinas que producen la enfermedad (Carta 19, 1892).

Los que quieren complacer su apetito y luego sufren por causa de su intemperancia, y toman drogas para aliviarse, pueden estar seguros que Dios no intervendrá para salvar la salud y la vida que tan temerariamente se expone al peligro. La causa ha producido el efecto. Muchos, como último recurso, siguen las indicaciones de la Palabra de Dios, y solicitan las oraciones de los ancianos de la iglesia en favor de la restauración de su salud. Dios no ve conveniente contestar oraciones ofrecidas en favor de los tales, porque sabe que si se les devolviera la salud, nuevamente la sacrificarían en aras del apetito malsano (Spiritual Gifts, tomo 4, pág. 145).

Un pecado contra los niños.
Si los que toman esas drogas fueran los únicos en sufrir, el mal no sería tan grande. Pero los padres no sólo pecan contra sí mismos al ingerir drogas venenosas, sino que pecan contra sus hijos. La condición corrompida de su sangre, el veneno distribuido por todo el organismo, el cuerpo débil y las diferentes enfermedades producidas como resultado del uso de las drogas, se transmiten a su descendencia y quedan como una desgraciada herencia, la cual es otra gran causa de la degeneración de la raza humana (How to Live, Nº 3, pág. 50).

Es más fácil usar drogas.
Haced uso de los remedios que Dios ha provisto. El aire puro, la luz solar y el uso inteligente del agua son agentes benéficos en la restauración de la salud. Pero el uso del agua es considerado demasiado 76 trabajoso. Es más fácil usar las drogas que los remedios naturales (Healthful Living, pág. 247). Muchos padres reemplazan la atención cuidadosa del enfermo por las drogas (Health Reformer, septiembre de 1866).

Lejos de las drogas.
La medicación por medio de las drogas, tal como se la practica generalmente, es una maldición. Aprended a evitar las drogas. Usadlas cada vez menos y confiad más en la higiene; entonces la naturaleza responderá a los médicos de Dios: el aire puro, el agua pura, el ejercicio apropiado, una clara conciencia. Los que persisten en el uso del té, el café y los alimentos a base de carne sentirán la necesidad de las drogas, pero muchos podrían restablecerse sin una pizca de medicina si obedecieran las leyes de la salud. Rara vez es necesario usar drogas (Counsels on Health, pág. 261).

La única esperanza de mejorar la situación estriba en educar al pueblo en los principios correctos. Enseñen los médicos que el poder curativo no está en las drogas, sino en la naturaleza. La enfermedad es un esfuerzo de la naturaleza para librar al organismo de las condiciones resultantes de una violación de las leyes de la salud. En caso de enfermedad, hay que indagar la causa. Deben mortificarse las condiciones antihigiénicas y corregirse los hábitos erróneos. Después hay que ayudar a la naturaleza en sus esfuerzos por eliminar las impurezas y restablecer las condiciones normales del organismo (El Ministerio de Curación, págs. 88, 89).

Importancia de la medicina preventiva.
La primera tarea del médico debería ser la de educar al enfermo y al doliente explicándoles el camino a seguir para prevenir la enfermedad. Puede hacerse el mayor bien si tratamos de iluminar la mente de todos aquellos a los cuales podamos alcanzar. Eso sería para ellos la mejor forma de prevenir la enfermedad y el sufrimiento, la debilidad y la muerte prematura. Pero los que no se cuidan de emprender un trabajo que exige esfuerzo de sus facultades físicas y mentales, estarán prontos a recetar drogas, lo cual pondrá en el organismo humano un fundamento para un mal doblemente mayor que el que ellos pretenden haber aliviado (Medical Ministry, págs. 221, 222). 77

Hay que enseñar a la gente que las drogas no curan la enfermedad. Es cierto que a veces proporcionan algún alivio inmediato momentáneo, y el paciente parece recobrarse por efecto de las drogas, cuando se debe en realidad a que la naturaleza posee fuerza vital suficiente para expeler el veneno y corregir las condiciones causantes de la enfermedad. Se recobra la salud a pesar de la droga, que en la mayoría de los casos sólo cambia la forma y el foco de la enfermedad. Muchas veces el efecto del veneno parece quedar neutralizado por algún tiempo, pero los resultados subsisten en el organismo y producen un gran daño ulterior (El Ministerio de Curación, pág. 88).

Una exhortación a los médicos concienzudos.
Un médico que tenga el valor moral para arriesgar su reputación al iluminar el entendimiento mediante la verdad lisa y llana, mostrando la naturaleza de la enfermedad y cómo prevenirla, y la práctica peligrosa de recurrir a las drogas, tendrá una carrera difícil, pero vivirá y dejará vivir. . . . Como reformador, hablará claramente en cuanto a los falsos apetitos y a la ruinosa complacencia propia en el vestir, el comer y beber, el sobrecargarse de mucho trabajo para hacer en un tiempo dado, lo cual tiene una influencia desastrosa sobre el temperamento y las facultades físicas y mentales. . . . Los hábitos correctos y apropiados, practicados inteligentemente y con perseverancia, eliminarán la causa de la enfermedad, y no se necesitará recurrir a las drogas (Medical Ministry, pág. 222).

Estudiad y enseñad las leyes de la medicina preventiva.
Hay ahora una positiva necesidad, aun entre los médicos reformadores en la línea del tratamiento de la enfermedad, de que se hagan esfuerzos mayores y concienzudos para realizar y llevar adelante la obra en favor de sí mismos, y de instruir a los que acuden a ellos debido a su habilidad profesional para descubrir la causa de sus enfermedades. Debieran llamar la atención en manera especial hacia las leyes que Dios ha establecido, que nadie puede violar impunemente. Ellos se detienen mucho en el desarrollo de la enfermedad, pero en general no llaman la atención hacia las leyes que debieran ser escrupulosa e inteligentemente obedecidas para prevenir la enfermedad (Medical Ministry, pág. 223). 78

Medicinas que dejan rastros perjudiciales.
Los siervos de Dios no debieran administrar medicinas que saben dejarán rastros perjudiciales en el organismo, aunque momentáneamente alivien el sufrimiento. Todo preparado venenoso, tomado de los reinos vegetal y mineral, introducido en el organismo dejará su desastrosa influencia, afectando el hígado y los pulmones y trastornando el organismo en general (Spiritual Gifts, tomo 4, pág. 140).

Por qué se establecieron nuestros sanatorios.
No debiera introducirse en el organismo humano nada que deje en pos de sí una influencia funesta. La razón que se me ha dado por la cual debemos establecer sanatorios en diversas localidades es la de arrojar luz sobre este asunto para practicar tratamientos higiénicos (Medical Ministry, pág. 228).

Hace años el Señor me reveló que debieran establecerse instituciones para tratar a los enfermos sin drogas. El hombre es propiedad de Dios, y son una ofensa a Dios la devastación que se ha hecho de la habitación viviente y los sufrimientos causados por las semillas de la muerte sembrados en el organismo humano (Medical Ministry, pág. 229).

Debiera proporcionárseles a los pacientes alimento bueno y saludable; debe observarse una abstinencia total de todas las bebidas embriagantes; deben descartarse las drogas y seguirse métodos racionales de tratamiento. No debe dárseles alcohol, té, café o drogas a los pacientes, porque éstos siempre dejan rastros. Al seguir estas reglas, muchos que han sido desahuciados por los médicos pueden ser restaurados a la salud (Medical Ministry, pág. 228).

Rara vez se necesitan drogas.
Muchos podrían restablecerse sin una pizca de medicina si vivieran de acuerdo con las leyes de la salud. Rara vez se necesita usar drogas. Se requerirán esfuerzos fervientes, pacientes y prolongados para establecer la obra y llevarla adelante sobre la base de principios higiénicos. Pero, combínese la oración ferviente y la fe con vuestros esfuerzos, y tendréis éxito. Mediante esta obra estaréis enseñando a los pacientes, y también a otros, cómo cuidar de sí mismos cuando están enfermos sin recurrir al uso de las drogas (Medical Ministry, págs. 259, 260).

Nuestras instituciones están establecidas para que los enfermos puedan ser tratados con métodos higiénicos, descartando casi enteramente el uso de las drogas.... Tendrán que rendir una terrible cuenta a Dios los hombres que 79 tienen tan poco respeto por la vida humana como para tratar tan cruelmente el cuerpo al administrar sus drogas. . . . No tendremos disculpa si por ignorancia destruimos el edificio de Dios, introduciendo en nuestro estómago drogas venenosas bajo una variedad de nombres que no comprendemos. Es nuestro deber rechazar todas las recetas de esta clase. Deseamos construir un sanatorio donde puedan curarse las enfermedades mediante las provisiones de la misma naturaleza, y donde pueda enseñarse a la gente cómo tratarse a sí misma cuando está enferma, donde puedan aprender a comer con moderación alimentos saludables y se eduquen a rechazar todos estos elementos dañinos: té, café, vinos y estimulantes de toda clase, y a descartar la carne de animales muertos (Manuscrito 44, 1896).

Para una obra más efectiva.
No se ventila la cuestión de la reforma pro salud como debiera hacérselo. Un régimen sencillo y la ausencia total de drogas, que dejen a la naturaleza libre para recuperar las energías gastadas del cuerpo, haría que nuestros sanatorios fueran mucho más eficientes en restaurar la salud de los enfermos (Carta 73a, 1896).

Enseñad a los pacientes cómo colaborar con Dios.
Debe enseñarse a la gente a comprender que es un pecado destruir las energías físicas, mentales y espirituales, y que debe comprender cómo colaborar con Dios en su propio restablecimiento. Mediante la fe en Cristo pueden vencer el hábito de usar estimulantes y drogas que destruyen la salud (Manuscrito 12, 1900). 80
(La Temperancia de E. G. de White)

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