viernes, 5 de abril de 2024

02. TÉ Y CAFÉ (IV. OTROS ESTIMULANTES Y DROGAS (EGW)

 

2. Té y Café
El régimen alimentario y las bebidas estimulantes de nuestros días no llevan al mejor estado de salud. El té, el café y el tabaco, son todos estimulantes y contienen venenos. No sólo no son necesarios, sino dañinos, y debieran ser descartados si queremos añadir a la ciencia, templanza (Review and Herald, 21-2-1888).

Los estimulantes no son alimento.
El té y el café no nutren el organismo. Alivian repentinamente, antes que el estómago haya tenido tiempo de digerirlos. Esto demuestra que aquello que los consumidores de estos estimulantes llaman fuerza proviene de la excitación de los nervios del estómago, que transmiten la irritación al cerebro, y éste a su vez es impedido a aumentar la actividad del corazón y a infundir una energía de corta duración a todo el organismo. Todo esto es fuerza falsa, cuyos resultados ulteriores dejan en peor condición, pues no imparten ni una sola partícula de fuerza natural (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 196).

La salud no mejora en ningún sentido por el uso de las cosas que estimulan por un tiempo pero que después causan una reacción que deja el organismo humano más deprimido que antes. El té y el café estimulan las energías que flaquean por el momento, pero cuando ha pasado su influencia inmediata, sobreviene un estado de depresión. Estas bebidas no tienen en absoluto ningún alimento en sí mismas. La leche y el azúcar que contienen constituyen todo el alimento que proporciona una taza de té o café (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 510).

Por el hecho de que estos estimulantes producen resultados pasajeros tan agradables, muchos piensan que los necesitan realmente y continúan consumiéndolos. Pero siempre hay una reacción. El sistema nervioso, habiendo sido estimulado indebidamente, obtuvo fuerzas de las reservas para su empleo inmediato (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 418). 68

Lo que hace el té.
"Penetra en la circulación y reduce gradualmente la energía del cuerpo y de la mente. Estimula, excita, aviva y apresura el movimiento de la maquinaria viviente, imponiéndole una actividad antinatural, y da al que lo bebe la impresión de que le ha hecho un gran servicio infundiéndole fuerza. Esto es un error".

El té sustrae energía nerviosa y debilita muchísimo. Cuando desapareció su influencia y cesa la actividad estimulada por su uso, ¿cuál es el resultado? Una languidez y debilidad que corresponden a la vivacidad artificial que impartiera el té.

Cuando el organismo está ya recargado y necesita reposo, el consumo de té acicatea la naturaleza, la estimula a cumplir una acción antinatural y por lo tanto disminuye su poder para hacer su trabajo y su capacidad de resistencia; y las facultades se agotan antes de lo que el Cielo quería. El té es venenoso para el organismo. Los cristianos deben abandonarlo. . . . El segundo efecto de beber té es dolor de cabeza, insomnio, palpitaciones del corazón, indigestión, temblor nervioso y muchos otros males (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 195, 196).

El café es más dañino todavía.
La influencia del café es hasta cierto punto la misma que la del té, pero su efecto sobre el organismo es aún peor. 
 Es excitante, y en la medida en que lo eleve a uno por encima de lo normal, lo dejará finalmente agotado y postrado por debajo de lo normal. A los que beben té y café, los denuncia su rostro. . . . No se advierte en el rostro el resplandor de la salud (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 195, 196).
Beber café es una complacencia perjudicial. Por un tiempo excita la mente. . . . pero el efecto posterior es el agotamiento, la postración, la parálisis de las facultades mentales, morales y físicas. La mente se enerva, y a menos que el hábito sea vencido mediante el esfuerzo decidido, la actividad del cerebro queda permanentemente disminuida 
(Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 34).

Efecto de todas las bebidas que contienen cafeína.
Parecida resulta también la acción del café y de muchas otras bebidas populares. El primer efecto es agradable. Se excitan los nervios del estómago, y esta excitación se transmite al cerebro, que, a su vez acelera la actividad del corazón, y da al organismo entero cierta energía pasajera. No se hace caso del cansancio, 69 la fuerza parece haber aumentado. 
 La inteligencia se despierta y la imaginación se aviva (El Ministerio de Curación, págs. 250, 251).

Mediante esta práctica continua de complacencia del apetito, el vigor natural del organismo queda gradual e imperceptiblemente lesionado. Si queremos conservar la acción saludable de todas las facultades del organismo, la naturaleza no debe ser forzada a una acción antinatural. La naturaleza permanecerá en su puesto del deber, y hará su labor sabia y eficientemente, si se abandonan los falsos estimulantes que han sido traídos para tomar su lugar 
(Review and Herald, 19-4-1887).

Pérdida de tiempo por enfermedad.
Muchos que se han acostumbrado al uso de bebidas estimulantes, sufren de dolor de cabeza y de postración nerviosa, y pierden mucho tiempo por enfermedad. Creen que no pueden vivir sin los estimulantes, e ignoran su efecto sobre la salud. Lo que lo hace aún más peligroso es que sus malos efectos se atribuyen a menudo a otras causas 
(Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 35).

Bebidas que forman hábito.
El té y el café no son ni saludables ni necesarios. No tienen ninguna utilidad en lo que respecta a la salud del cuerpo. 
 Pero la práctica en el uso de estas cosas se convierte en un hábito (Manuscrito 86, 1897).

Se produce un deseo antinatural.
El consumo continuo de estos excitantes de los nervios provoca dolor de cabeza, insomnio, palpitaciones del corazón, indigestión, temblores y otros muchos males; porque esos excitantes consumen las fuerzas vitales. Los nervios cansados necesitan reposo y tranquilidad en vez de estímulo y recargo de trabajo. La naturaleza necesita tiempo para recuperar las agotadas energías. Cuando sus fuerzas son aguijoneadas por el uso de estimulantes uno puede realizar mayor tarea; pero cuando el organismo queda debilitado por aquel uso constante, se hace más difícil despertar las energías hasta el punto deseado. Es cada vez más difícil dominar la demanda de estimulantes hasta que la voluntad queda vencida y parece que no hay poder para negarse a satisfacer un deseo tan ardiente y antinatural, que pide estimulantes cada vez más fuertes, hasta que la naturaleza, exhausta, no puede responder a su acción (El Ministerio de Curación, pág. 251). 70

Preparan el organismo para la enfermedad.
Son estos estimulantes perjudiciales los que están ciertamente minando el cuerpo y preparando el organismo para las enfermedades agudas, al dañar la fina maquinaria de la naturaleza y demoliendo sus fortificaciones erigidas contra la enfermedad y el deterioro prematuro (Testimonies, tomo 1, págs. 548,549).

Todo el organismo sufre.
Por el uso de los estimulantes sufre todo el organismo. Los nervios se desequilibran, el hígado funciona mal, la calidad de la sangre y su circulación son afectadas, y la piel se vuelve inactiva y pálida. La mente también es perjudicada. 
 La influencia inmediata de estos estimulantes es excitar el cerebro a una actividad indebida, sólo para dejarlo más débil y menos apto para el esfuerzo. El efecto ulterior es la postración, no sólo mental y física, sino moral. Como resultado, vemos a hombres y mujeres nerviosos, de juicio defectuoso y de mente desequilibrada. A menudo manifiestan un espíritu precipitado, impaciente y acusador, que mira las faltas de los demás como a través de un lente de aumento, pero completamente incapaz de discernir sus propios defectos (Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 35, 36).

La lengua se suelta.
Cuando estos tomadores de té y de café se reúnen para una fiesta social, los efectos de su pernicioso hábito se hacen manifiestos. Todos se sirven abundantemente de sus bebidas favoritas, y al sentir la influencia estimulante, sus lenguas se sueltan, y comienzan la impía tarea de hablar en contra de los demás. Sus palabras no son pocas o bien escogidas. 
 Los bocados del chismerío pasan en la rueda, y demasiado a menudo también el veneno del escándalo. Esos chismosos irreflexivos se olvidan que hay un testigo. Un Vigilante invisible está escribiendo sus palabras en los libros del cielo. 
 Jesús registra todas esas críticas despiadadas, esos informes exagerados, esos sentimientos de envidia, expresados bajo la excitación de la taza de té, como si fuesen dirigidos en contra de él. "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 36).

Un verdadero derroche.
El dinero gastado en té y café es peor que derrochado. Sólo hacen daño al que los usa, y lo hacen en forma continua (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 35). 71

Bebidas destructivas.
Todos deben presentar un claro testimonio contra el té y el café, al no usarlo jamás. Son sustancias narcóticas, perjudiciales tanto para el cerebro como para los otros órganos del cuerpo 
(Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 517).

Destruye el templo de Dios.
El borracho vende su razón por una copa de veneno. Satanás asume el dominio de su razón, de sus afectos y de su conciencia. Ese hombre está destruyendo el templo de Dios. El que toma té ayuda a hacer la misma obra. Sin embargo, ¡cuántos hay que colocan en sus mesas esos agentes destructores, sofocando de esa forma sus atributos divinos (Manuscrito 130, 1899).

Enemigo de la vida espiritual.
El beber té y café es un pecado, una complacencia dañina, que, a semejanza de otros males, perjudica el alma. 
 Estos ídolos acariciados crean una excitación, una acción mórbida del sistema nervioso 
(Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 511).

Los que complacen su apetito pervertido, lo hacen en perjuicio de la salud y del intelecto. No pueden apreciar el valor de las cosas espirituales. Su facultad de razonar se embota, el pecado no aparece muy pecaminoso, y la verdad no es considerada de mayor valor que los tesoros terrenales (Spiritual Gifts, tomo 4, pág. 129).

Menos sensible a la influencia del Espíritu Santo.
Al que usa estimulantes, todas las cosas le parecen insípidas sin la complacencia favorita. Esto amortece las sensibilidades naturales tanto del cuerpo como de la mente, y hace que éstos sean menos susceptibles a las influencias del Espíritu Santo. En ausencia del estimulante habitual, siente un hambre del cuerpo y del alma, no de justicia, de santidad, ni de la presencia divina, sino de su ídolo acariciado. En la complacencia de los deseos perniciosos, los profesos cristianos debilitan diariamente sus potencias, imposibilitándose para glorificar a Dios
 (La Edificación del Carácter y la Formación de la Personalidad, pág. 41).

Fomenta el deseo de estimulantes más fuertes.
Por el uso del té y del café, se crea el apetito por el tabaco, 
y éste fomenta el apetito por los licores 
(Testimonies, tomo 3, pág. 563).

Algunos han cedido.
Algunos han cedido y usualmente beben té y café. Los que violan las leyes de la salud, 
se 72 volverán mentalmente ciegos y violarán las leyes de Dios (Review and Herald, 21-10-1884).

El pueblo de Dios debe vencer.
Los que han recibido instrucciones acerca de los peligros del consumo de carne, té, café y alimentos demasiado condimentados o malsanos, y quieran hacer un pacto con Dios por sacrificio, no continuarán satisfaciendo sus apetitos con alimentos que saben son malsanos. Dios pide que los apetitos sean purificados y que se renuncie a las cosas que no son buenas. Esta obra debe ser hecha antes que su pueblo pueda estar delante de él como un pueblo perfecto 
(Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 354).

La perseverancia decidida traerá la victoria.
Los que usan estos venenos lentos, como el fumador, piensan que no pueden 
vivir sin ellos porque se sienten muy mal cuando no tienen esos ídolos.

¿Por qué sufren cuando interrumpen el uso de estos estimulantes? Porque han estado violando la naturaleza en su obra de preservar todo el organismo en armonía y salud. Sufrirán desvanecimientos, dolor de cabeza, adormecimiento, nerviosismo e irritabilidad. Se sienten como si fueran a hacerse pedazos, y algunos no tienen el valor de perseverar en abstenerse de ellos hasta que la naturaleza violada pueda recuperarse, sino que recurren de nuevo al uso de las mismas cosas dañinas. No le dan a la naturaleza el tiempo de recuperarse del que le han hecho, sino que para gozar de alivio momentáneo vuelven a esas complacencias perjudiciales. La naturaleza se está poniendo cada vez más débil e incapaz de recuperarse. Pero si ellos quieren ser decididos en sus esfuerzos para perseverar y vencer, la naturaleza maltratada pronto se reanimará y realizará su obra sabiamente y bien sin esos estimulantes (Spiritual Gifts, tomo 4, págs. 128, 129).

En algunos casos es tan difícil renunciar a este hábito del té y del café como lo es para el borracho dejar el uso del licor (Counsels on Health pág. 442).

Un voto que abarque el té y el café.
Todos estos irritantes nerviosos están consumiendo las fuerzas vitales; y el desasosiego, la impaciencia, la debilidad mental causados por los nervios destrozados llegan a ser un elemento de lucha que está trabajando constantemente contra el progreso espiritual. Los cristianos, ¿pondrán el apetito bajo el 73 dominio de la razón, o seguirán complaciéndolo porque se sienten tan "abatidos" al no hacerlo, como el borracho sin su estimulante? Los que abogan por la reforma en la temperancia, ¿no se despertarán también en cuanto a estas cosas perjudiciales? ¿No debiera abarcar el voto también el café y el té como estimulantes dañinos (Counsels on Health, pág. 442).

Algunos necesitan dar este paso.
Esperamos llevar a nuestros hermanos y hermanas a un nivel aún más alto haciéndoles firmar el voto de abstenerse del café de Java [un tipo de café que seguramente se usaba mucho en el año cuando la Sra. White escribió esto] y de la hierba que viene de la China. Vemos que hay algunos que necesitan dar este paso en la reforma (Review and Herald, 19-4-1887).

Conducta apropiada en la mesa ajena -una palabra a los colportores evangélicos.
Si os sentáis a su mesa, comed moderadamente, y sólo alimentos que no confundan la mente. Absteneos de toda intemperancia. Sed vosotros mismos una lección objetiva que ilustre los principios correctos. Si os ofrecen té para beber, decidles con palabras sencillas su efecto perjudicial sobre el organismo (Manuscrito 23, 1890).

Siguiendo a Jesús en la senda de la reforma.
Jesús venció en el terreno del apetito, y nosotros también podemos hacerlo. Avancemos, entonces, paso a paso, en la reforma, hasta que todos nuestros hábitos estén de acuerdo con las leyes de la vida y la salud. El Redentor del mundo en el desierto de la tentación peleó en favor nuestro la batalla en el terreno del apetito. Como nuestra garantía, él venció, haciendo posible que el hombre pueda vencer en su nombre. "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Review and Herald, 19-4-1887).

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