sábado, 6 de abril de 2024

05. LOS ALIMENTOS SOBRE NUESTRAS MESAS (VIII. NUESTRA AMPLIA PLATAFORMA DE TEMPERANCIA (EGW)

 

 5. LOS ALIMENTOS SOBRE NUESTRAS MESAS. 
La intemperancia comienza en nuestras propias mesas. 
Muchas madres que deploran la intemperancia que existe por doquiera no investigan lo suficiente como para ver la causa. Demasiado a menudo se la puede rastrear hasta la mesa del hogar. Más de una madre, aun entre las que profesan ser cristianas, diariamente pone delante de su familia alimentos excesivos y muy sazonados que tientan el apetito y estimulan a comer demasiado (Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 75, 76).

 Después de un tiempo, por la complacencia continua del apetito, los órganos digestivos se debilitan y el alimento ingerido no satisface. Se establecen condiciones malsanas y se anhela ingerir alimentos más estimulantes. El té, el café y la carne producen un efecto inmediato. Bajo la influencia de estos venenos, el sistema nervioso se excita y, en algunos casos, el intelecto parece vigorizado momentáneamente y la imaginación resulta más vívida. Por el hecho de que estos 139 estimulantes producen resultados pasajeros tan agradables, muchos piensan que los necesitan realmente y continúan consumiéndolos.... El apetito se acostumbra a desear algo más fuerte, lo cual tenderá a aumentar la sensación agradable, hasta que satisfacerlo llega a ser un hábito y de continuo se desean estimulantes más fuertes, como el tabaco, los vinos y licores (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 417, 418).

 Alimentos sanos, sencillamente preparados
Cada madre debería vigilar cuidadosamente su mesa, y no permitir sobre ella nada que tenga la más leve tendencia a colocar el fundamento de hábitos de intemperancia. Los alimentos deberían prepararse en la forma más sencilla posible, libre de condimentos y especias, y aun de una cantidad indebida de sal. Vosotros que tenéis sobre vuestro corazón el bien de vuestros hijos y queréis verlos crecer con gustos y apetitos no pervertidos, debéis abriros paso con perseverancia y urgencia contra los sentimientos y prácticas populares. 

 Si queréis prepararlos para ser útiles sobre la tierra y obtener la recompensa eterna en el reino de gloria, debéis enseñarles a obedecer las leyes de Dios, manifestadas tanto en la naturaleza como en la revelación, en vez de seguir las costumbres del mundo. El esfuerzo concienzudo, la oración y la fe, cuando están unidos a un correcto ejemplo no serán infructíferos. Presentad vuestros hijos a Dios con fe, y procurad impresionar sus mentes susceptibles con un sentido de sus obligaciones hacia su Padre celestial. Eso requerirá lección sobre lección, línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí, otro poquito allí (Review and Herald, 6-11-1883).  

La mitad de las madres lamentablemente ignorantes. 
Ni la mitad de las madres saben cómo cocinar o qué poner delante de sus hijos. Ponen delante de sus niñitos nerviosos esas ricas sustancias que queman su garganta y todo su trayecto hasta las tiernas mucosas del estómago, transformándolo en un depósito ardiente, y así no reconocen el alimento saludable. Los pequeños vendrán a la mesa y no comerán esto o lo otro. Llegan a dominar y consiguen lo que quieren, sea ello para su bien o no. 140 

Yo recomendaría que se los deje sin alimento por lo menos tres días hasta que tengan suficiente hambre como para gozar de un alimento sano. Yo me arriesgaría a que pasaran hambre. Nunca he puesto sobre mi mesa cosas de las cuales no les permitía participar a mis hijos. Ponía delante de ellos lo que yo misma comía. Los niños comían de este alimento y nunca se les ocurría pedir cosas que no estaban sobre la mesa. No debemos estimular la indulgencia del apetito de nuestros niños poniendo delante de ellos estos alimentos demasiado sazonados (Manuscrito 3, 1888).

 Pavimentando el camino de la intemperancia. Las mesas de nuestro pueblo norteamericano están 
generalmente preparadas para hacer ebrios (Testimonies, tomo 3, pág. 563).

Los que creen la verdad presente deben rehusar beber té o café, porque excitan el deseo de estimulantes más fuertes. Deben rehusarse a comer carne, porque ésta también excita el deseo de bebidas fuertes. Los alimentos sanos, preparados con gusto y habilidad, deben ser actualmente nuestro régimen alimentarlo (Evangelismo, pág. 197).

 La carne estimula. 
Los resultados inmediatos de comer carne pueden manifestarse como una aparente vigorización del organismo, pero esto no es razón para que se la considere el mejor ingrediente de la dieta. El consumo moderado de brandy puede tener el mismo efecto por un tiempo, pero cuando su influencia excitante desaparece sigue una sensación de languidez y debilidad. Los que dependen de alimentos sencillos y nutritivos que son comparativamente no estimulantes en sus efectos, pueden soportar más trabajo en el curso de meses y años que el que come carne o bebe licor. Los que trabajan al aire libre sentirán menos daño del uso de carne que los que tienen hábitos sedentarios, porque el sol y el aire son una gran ayuda para la digestión, y hacen mucho para contrarrestar los efectos de los hábitos equivocados de comer y beber.

Los efectos de los estimulantes. 
Todos los estimulantes aceleran demasiado la maquinaria humana, y aunque por un tiempo parecen incrementarse la actividad y el vigor, en proporción a la influencia irritante empleada, sobreviene una reacción; seguirá una debilidad proporcionada al grado de excitación antinatural que se ha producido. Cuando se siente esta debilidad, otra vez se usa algo para estimular y tonificar el organismo y conseguir inmediato 141 alivio de esa desagradable languidez. 

 Gradualmente la naturaleza se acostumbra a depender de este remedio repetido con frecuencia, hasta que sus facultades son debilitadas por ser a menudo estimuladas para una acción antinatural. Todas las personas deberían estar familiarizadas con las leyes de su ser. Cómo vivir, cómo regular el trabajo, y cómo comer y beber en relación con la salud, debería ser un importante tema de estudio. Cuanto más sencilla y naturalmente vivimos, tanto más estaremos capacitados para resistir la epidemia y la enfermedad. Si nuestros hábitos son buenos y el organismo no está debilitado por la acción antinatural, la naturaleza nos proveerá todos los estímulos que necesitamos. . . .

El apetito, un guía inseguro. 
La regla que algunos recomiendan es comer cuando quiera que haya una sensación de hambre, y comer hasta estar satisfecho. Esta modalidad conducirá a la enfermedad y a muchos males. Actualmente el apetito no es generalmente natural, por lo tanto no es un correcto índice de las necesidades del organismo. Ha sido mimado y mal dirigido hasta llegar a la morbosidad, y ya no puede ser un guía seguro. Se ha abusado de la naturaleza, y sus esfuerzos se han frustrado por los malos hábitos y la complacencia en el pecaminoso halago de los sentidos, hasta que el gusto y el apetito también son pervertidos.

No es natural tener ansias por comer carne
 No fue así en el principio. El apetito por la carne ha sido creado y desarrollado por el hombre. Nuestro Creador ha provisto para nosotros en las verduras, cereales y frutas, todos los elementos de nutrición necesarios para la salud y el vigor. 
 La carne no formaba parte del alimento de Adán y Eva antes de su caída. Si las frutas, las leguminosas, y los cereales no son suficientes para satisfacer las necesidades del hombre, entonces el Creador cometió un error al darlos a Adán. . . .

Para que Israel pudiera preservar la fortaleza física y moral.
Dios no sustrajo la carne de la alimentación de los hebreos en el desierto simplemente para mostrar su autoridad, sino para su bien, para que pudieran preservar su fortaleza física y moral. Él sabía que el uso del alimento animal fortalece las pasiones animales y debilita el intelecto. Sabía que la satisfacción del apetito de los hebreos 142 mediante la carne, debilitaría sus facultades morales y los pondría en una disposición irritable tal que la vasta multitud llegaría a ser insubordinada, perdería el alto sentido de sus obligaciones morales, y rehusaría ser legislada por las sabias leyes de Jehová. Existiría la violencia y la rebelión entre ellos haciendo imposible para sí ser un pueblo puro y feliz en la tierra de Canaán. 

 Dios sabía qué era lo mejor para los hijos de Israel, por lo tanto los privó en una gran medida del uso de carne. Satanás los tentó a considerar esto como algo injusto y cruel. Les hizo anhelar las cosas prohibidas porque vio que mediante la complacencia del apetito pervertido llegarían a tener una mente carnal y fácilmente podrían ser llevados a hacer la voluntad de Satanás; los órganos inferiores serían fortalecidos, mientras que las facultades intelectuales y morales se debilitarían. 

Satanás no es un novicio en la tarea de destruir almas.
 Sabe bien que si puede conducir a los hombres y las mujeres a hábitos erróneos de comer y beber ha ganado, en alto grado, el dominio de sus mentes y sus pasiones inferiores. En el principio, el hombre comía los frutos de la tierra, pero el pecado introdujo el uso de la carne de animales muertos como alimento. Esta dieta obra directamente contra el espíritu del verdadero refinamiento y la pureza moral. La sustancia de lo que es puesto en el estómago pasa a la circulación y es convertida en carne y sangre. . . . Dios requiere que su pueblo sea templado en todas las cosas. 

 El ejemplo de Cristo, durante su largo ayuno en el desierto, debería enseñar a sus seguidores a rechazar a Satanás cuando viene bajo el disfraz del apetito. Entonces podrían tener influencia para reformar a los que han sido extraviados por la indulgencia, y han perdido el poder moral para vencer la debilidad y el pecado que han tomado posesión de ellos. Así los cristianos pueden asegurarse salud y felicidad en una vida pura y bien ordenada, y con una mente clara y sin mancha delante de Dios (Signs of the Times, 6-1-1876).

 Como ve la reforma el nuevo converso
Cuando el mensaje alcanza a las personas que no han oído la verdad para este tiempo, ellas ven que deben realizar una gran reforma en su régimen alimenticio. Se dan cuenta de que deben abandonar la carne, porque crea un apetito por el licor, y llena 143 el organismo de enfermedad. Al consumir carne, las facultades físicas, mentales y morales se debilitan. 
El hombre se edifica de lo que come. Las pasiones animales predominan como resultado de comer carne, de usar tabaco, y de beber alcohol (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 317). 

Intemperancia en la variedad de platos
Yo voy más lejos. La temperancia debería practicarse en cocinar los alimentos y en la variedad de platos que se presentan, para que la madre pueda economizar toda labor posible. No es esencial una gran variedad de alimentos para sostener la vida; en cambio perjudica los órganos digestivos, y produce un conflicto en el estómago. Con la bendición de Dios, el alimento sencillo, simple, sostendrá la vida, y será lo mejor para el cuerpo entero. Pocos se dan cuenta de que generalmente se ingiere más alimento de lo necesario. Pero el alimento extra es una carga para el estómago, y perjudica toda la estructura humana (Manuscrito 50, 1893).

 Comer demasiado es intemperancia. 
La intemperancia se ve tanto en la cantidad como 
en la calidad de lo que se come (Counsels on Health, pág. 576).

 La intemperancia abarca mucho. 
 Para algunos consiste en comer demasiado de un alimento, que si se tomara en la cantidad apropiada, no sería objetable. Todo lo que se pone en el estómago, más allá de la real necesidad del organismo, llega a ser un factor peligroso. 
 Se descompone en el estómago y causa dispepsia. Comer de continuo más de lo necesario consume las fuerzas vitales y priva al cerebro del poder para hacer su trabajo (Manuscrito 155, 1899).

El que se complace en comer libremente, y sobrecarga los órganos digestivos hasta el punto de incapacitarles de digerir adecuadamente el alimento, también es un hombre intemperante, y encontrará que le es imposible discernir claramente las cosas espirituales (Manuscrito 41, 1908). Nuestro Padre celestial desea que usemos con discreción las buenas cosas que él nos ha dado (Signs of the Times, 27-1-1909).

Un Lugar Importante En Nuestra Salvación.
Los que no son reformadores en lo que respecta a la salud, se tratan a sí mismos de una manera injusta e insensata. 
 Por la complacencia del apetito, se infieren injurias terribles. Algunos pueden 144 pensar que la cuestión del régimen alimenticio no es lo suficientemente importante como para ser incluida en la religión. Pero tal cosa es un gran error. 
La Palabra de Dios declara: "Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios". El tema de la temperancia, en todos sus aspectos, tiene un lugar importante en la obra de nuestra salvación (Evangelismo, pág. 197).

 Si los hombres y las mujeres viven perseverantemente de acuerdo con las leyes de la vida y la salud, se darán cuenta de los benditos resultados de una completa reforma de la salud (Signs of the Times, 6-1-1876).

 Todos están siendo probados. 
Es de gran importancia que hagamos individualmente nuestra parte y tengamos una comprensión inteligente de lo que debemos comer y beber, y cómo debemos vivir para preservar la salud. Todos están siendo probados para ver si aceptan los principios de la reforma pro salud o siguen una conducta de complacencia propia 
(Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 39).  


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